Tic, tic, tic. Llueve. Llueve dentro de casa y fuera de ella también. Como siempre sucede en los últimos pisos de edificaciones antiguas, las goteras están a la orden del día. Nuestro salón, antes tan lindo, ahora parece un carromato gitano, colapsada por cuanto recipiente plástico logramos recaudar para recibir el agua que cae del techo. A mí este tipo de situaciones me suelen generar indiferencia; las despacho con un movimiento de hombros y alguna acción práctica al respecto (poner balde + llamar al arregla- techos) y no le doy más vueltas. Tiene su lógica, supongo, pues ya se sabe mi conocida facilidad para vivir en medio de la hecatombe (siempre que la hecatombe cuente con ventanas y luz natural, eso sí). Pero Raquel se puso muy triste, ante mi despreocupación me recuerda que una de las funciones de una casa es resguardar de la lluvia y, una casa dónde llueve dentro, es entonces, una no- casa.
... y me va a odiar... porque, por si fueran pocas las goteras ya existentes en nuestro hogar, alguna aficionada a la circulación de aire fresco que anda por ahí abrió la ventana del cuarto hasta lo que más pudo de sí (para mi defensa aclaro que percibí un olor a viejito que empezaba a dominar la habitación) y se olvidó de ella... y cuando escuchó el tic, tic, tic en su cabeza, lo atribuyó a la música de Regina Spektor que acompañaba sus estudios... y bueno, que fue El Desastre y todo el piso (de madera para mas INRI) está mojado y el olor a viejo fue trocado por un "agradable" e insalubre olor a humedad.
... y Raquel no está, y cuando llegue me va a matar.
En peligro de muerte,
Pi.
2 comentarios:
Saudades pisoteads como los adoquincitos negro/blancos de las aceras de Lisboa. Lisboa en invierno es como lluvia salpicada de la luz blanca y el estuario plateado.
Sube al tranvía que sube hasta Graça, más allá de Alfama, y asómate sobre el centro de Lisboa desde el Miradouro da Graça. Una tarde de lluvia sonaba allí José Afonso, Grandola...
O el trasbordador a Cacilhas. Y regresar sin apenas salir del puerto. Lluvia sobre el Tajo.
beso, guapa. Y cuídate de esta lluvia. En París es nieve desde hace días y días.
Me encantan los relatos cotidianos. Y pienso, como Raquel, que una casa con goteras es un horror carente de poética.
Dale un beso enorme de mi parte.
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