Ya no escribo tanto. Ahora cocino más y escribo menos. Mi padre suele criticar a los inmigrantes cualificados (como yo) que cambiaron su oficina por una cocina y su corbata por un delantal. Y resulta que yo uso delantal, los dulces, si no te cuidas, se te adhieren todos. Y también resulta que ahora no voy por ninguna oficina y sí paso bastante tiempo en la cocina. Y vaya, qué maravilla!
Menos de un párrafo y ya he utilizado tres veces la palabra cocina. Es que le he cogido bastante gustillo. Aunque bueno, sigue pareciéndome aburrido pensar TODOS los días qué comer. Tampoco es que se pueda hacer cosas buenas y elaboradas todos los días. A veces no hay ingredientes, o tiempo, o ganas. Pero cuando me pongo en la tarea, me divierto un montón.
Raquel se burla de afición a ir "al Martín Moniz". Dos de cada tres veces que salimos a pasear, yo propongo "el Martín Moniz". A mi me encanta! Es como cambiar de país.
Primero está Bogota. El Martín Moniz es un centro comercial (o galería que también llaman) de esos ochenteros que hay en Chapinero que nunca lograron atraer a las marcas que el mundo suele ir a buscar a un centro comercial. Al parecer, casi nadie pasa del primer local exterior. Suelen tener almacenes únicos y llevados por su dueño -el sueño de alguien probablemente-. De esos que, a medida que subes de piso, ves más y más locales desocupados y, en el último piso (porque usualmente les pusieron unos siete), los dueños de los locales ya se resignaron y ni siquiera tienen letrero de "se arrienda".
Entonces, tenemos un centro comercial venido a menos con el último piso vacío. Luego, agreguénle un toque de San Victorino. O sea, cajas de cartón llenas de mercancía en los corredores, niños de los dueños de almacén jugando por ahí, productos chinos, más productos chinos, mercancia repetida aquí y allá. Oscuridad, humedad y escaleras estrechas. San Victorino al 100.
Y a mi San Victorino me parecía divertido. Siempre terminaba comprando esmaltes de colores imposibles, tonterías varias para el cabello, insumos para futuros proyectos "manitas creativas" (plumas, lazos, pedazos de plástico, etc). Aunque mi favorito de todo era ir a por cosas para mi disfraz de Halloween. Siempre íbamos con mi mamá y la pasábamos bomba. Un día hasta me compró un spray para pintar el pelo de azul eléctrico.
Pero el Martín Moniz, además de este aire a San Victorino, tiene algo que me parece super exótico: pasas esa puerta y dejas de ver portugueses! (salvo ocasionales compradores). Me explico: los pisos de arriba son de los chinos. Montañas de ropa en cajas de cartón. Y creemos que también viven ahí. Todos tienen mesas en los corredores donde se sientan a comer con sus respectivas familias. Y nada de portugués se escucha por ahí.
Luego están los pisos intermedios, que son de los Indianos. Estos me gustan mucho, son tiendas llenas de especias y condimentos. También se consiguen cosas "tropicales" como mazorca, yuca y hasta guayaba verde! Hoy me compré un paquetón de curry "made in india" porque ese del supermercado "hecho en la UE" tiene mucho color y poco sabor, dos mazorcas y un plátano. Y tienen millones de clases de lentejas, vi unas anaranjadas y otras rosaditas.
Luego, están las tiendas que dan hacia la calle de los pakistaníes que se especializan en celulares y cosas eléctricas de esas baratas y que se dañan rápido.
Y, por último, está mi sitio favorito: el supermercado chino. En realidad creo que es "el punto de encuentro Chino": en la entrada hay un tablón de anuncios - en Chino- y en el segundo piso queda una peluquería china (será osado probarla? entenderán portugués?), y, además de comida, traen revistas y periódicos. Como hay muchas cosas que "los occidentales" no tendríamos mucha idea qué hacer con ellas, hay millones de productos sin traducción que me causan fascinación. Qué serán? cómo se comerán? Nosotras usualmente vamos por pastas (noodles y de arroz) y tratamos de probar una diferente cada vez. Esta vez nos decidimos a traer unos spaguettis de maíz. Como las instrucciones de cocción venían en Chino y sin traducción, pese a la oposición de Raquel -que insistía que google era mejor opción-, al pagar decidí pedirle a la dueña que me tradujera las instrucciones. Le dio un poco de risa pero no importa, finalmente nos quedó claro que siguen el principio básico de cualquier spaguetti: agua hirviendo.
y bueno, era eso, que me gusta cocinar, que no sé de oficinas, que me gusta el Martín Moniz, que estoy muy contenta y que me voy a hacer una creme brulée.
1 comentario:
La casa chinesa de martim moniz y el barrio... cro que lo he encontrado alguna vez bajando andando desde Graça. Cuando estoy, compro en el super Pingo Doce. Cuando no estoy, me acuerdo de los adoquincitos negros y blancos de las aceras de Lisboa. Me gusta ucho estar en Praça das Flores, en el café con terracita que hay ahí. Dime que has estado. Dime que irás. Estuve sentada el verano allí y te evoqué.
Muac! te sigo queriendo, mi guapa, ma tendre.
L.
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