martes, 22 de marzo de 2011

Como es de general conocimiento, he pasado mi vida visitando instituciones educativas varias. Restando el tiempo en que demoré en entrar al jardín de infancia y el par de descansos que me he dado, podría decirse con media certeza que, de mis 25 años de vida he estado durante un mínimo de 21 años inscrita en algún colegio o universidad.

En breve recuento, tenemos tres colegios diferentes (pre-escolar, primaria y bachillerato) y otras tantas universidades (pre-grado, especialización y maestría).

Quizá se deba a que hice el bachillerato en un colegio promedio (o MUY malo a mis ojos), pero desde los 13 años me sentí defraudada en cuanto al nivel de la educación (las clases eran obvias, mis compañeros lentos y no me exigían lo suficiente -solía quejarme-)

Entonces, como soy una avariciosa del conocimiento, pedí más (lo que se tradujo en un intento fallido de cambio de colegio y, como posterior solución, la contratación de un ejército de profesores particulares y cursos libres extracurriculares).

Así que me quedó muy claro que i) si quiero conocimiento, me toca ir a mi por él, nadie me lo va a traer; ii) el principal papel de los profesores es la orientación (que no la información) y mostrarte de qué hilo tirar y, iii) las universidades están para darte un certificado.

Y esto no quiere decir que no me gusten las instituciones educativas, simplemente, en aras de no sentirme decepcionada, les pido menos (a ellas) y me exijo más. (hasta el momento no he encontrado una que modifique la relación nivel de exigencia que quiero yo- nivel de exigencia real).

Entonces llegamos a mi maestría. De entrada, no, aunque sea Europa, no es educación de alto nivel (como tiende a creer la sociedad colombiana). Es... normal (?), o sea, nada diferente a lo que ya he visto: algunos profesores muy buenos, otros neutros y algunos vergonzosos... y burocracia por millón (que, siempre funciona muy mal).

Sin darle más vueltas, decido tomarla como viene: las clases son esqueletos que precisan de ser rellenado con músculos y órganos cuando llego a casa. Me sumerjo en lo que me interesa y lo que no, apenas húmedo se queda. y ya está.

... y, aunque son innumerables las críticas que puedo hacer a mi maestría, he de decir que he aprendido un montón y que me han presentado cosas de las que no tenía siquiera idea de su existencia.

podría argumentarse-me que, para estudiar por mi cuenta, pues no pagaba ninguna maestría (que no es poco dinero)... pero no, por más buena voluntad y disciplina, la mayor parte de nosotros (creo) necesitamos que nos organicen un plan de estudios, que nos impongan un par de trabajos por ahí, algunas fechas... es que la información es infinita, y ante tanta infinitud, me anulo un poco y me pierdo.

Por eso me resulta agotador que mis compañeros de la maestría pasen la vida quejándose de la Universidad... que sí, que vale, que no es la mejor, que la coordinadora apesta pero, a mi modo de ver, tu crítica sobre la superficialidad de los temas se cae por si sola cuando no fuiste capaz de leer las miserables ocho páginas que el profesor pidió para hoy, se cae también cuando críticas el incumplimiento de horarios y fechas por parte de los profesores pero tú llegas siempre con retraso y una semana después, pasada la línea de muerte, aún no has entregado el trabajo... y, querida, haces gala de no poca ignorancia cuando dices - y leer a Platón? Platón se lee en pre-grado!-... cariño, podrías hacer hasta estudios post-doctorales en Platón!.

Entonces vuelvo a los párrafos iniciales, si estabas esperando que la universidad de trajera el conocimiento, perdiste pero, si lo ves como un organizador y recaes la mayor parte de trabajo en ti, ganas... y yo estoy ganando (eso sin contar el plus de la "universidad de la vida" que me estoy llevando con el cambio de continente).


2 comentarios:

anattolia dijo...

No entendí el final de tu comentario en mi post, ¿me explicas?

Josefa dijo...

loviu pi... hoy necesitaba leer este post :)