y nos dieron las diez y las doce, doce y la una, las dos y las tres, y dormidos al amanecer nos sorprendió la luna... y ya no sé dónde cuándo termina mi año... a las 12 de la noche hora Portugal?, a las 12 de la noche hora Colombia? en algún punto intermedio entre las doce y las cinco de la mañana?, bah! abracémonos a todas horas y ya está.
soy fiel seguidora de la santa maleta. No salto año en que no salga corriendo arrastrando una maleta tras de mí. Buenos Aires, Madrid, Lisboa -he pisado-, uno por año, se podría decir que funciona. Este año sólo fuimos cuatro locas delirantes -en vez de los 20 miembros de mi familia- corriendo las empinadas calles del barrio alto, pero es que, además de tener toda europa abierta a mis inquietos pies, llevo un segundo viaje al sur metido en el corazón, TENÍA QUE salir.
el primero de enero será recordado como el día más perezoso del año, no me enteré si llovió, si hizo sol, si la ropa tendida se mojó o sí llovió dentro de casa; los territorios ajenos a la cama solo estaban permitidos para la satisfacción de necesidades biológicas (las sobras a la orden del día). pasó por escenas delirantes dónde me vi subirme la camiseta por encima de las tetas -presa de un inexplicable ola de calor invernal- y gritarle a un zancudo atormentador -Zancudo, venga! sangre caliente!.... y el muy cabrón, se recusó a la tentación y continúo escondido en su tabla de madera (para salir más tarde -en versión duplicada- e interrumpir mi sueño).
y el segundo Lisboa amaneció oculto tras una densa capa de neblina. me atormento pensando en qué mal sentido me habré convertido a la normalidad que necesito de un despertador para estar lista a la una de la tarde -y habérseme hecho tarde!-. no puedo más que achacarlo al total descontrol que sufrieron mis ciclos tropicales. fuera de la cama, sólo cuando es viable leer con luz natural sin dejarse los ojos en el intento. y ahora resulta que puede que eso no suceda ni a las seis, ni a las siete, ni a las ocho menos diez. y me encuentro haciendo danza mapache por el salón, celebrando el día en qué amaneció haciendo sol.
todo porque es tres de enero, porque es el dos mil once, porque mi vida cambió. salud!.
1 comentario:
¡Salud, señorita! Porque pude volver a verte después de mil años y después de las clases de inglés de los sábados. Yo también medio me voy enterando de qué va la cosa.
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