miércoles, 28 de octubre de 2009

Me ataca una suerte de aletargamiento. Me ataca desde el domingo. Inicialmente culpo al THC y al alcohol presente en mi organismo... pero, cuatro días más tarde, ya no es posible de hablar de resacas cuaternarias ni metabolismo lento.

Logro tener algo de lucidez entre las 8 y las 12... y luego, caigo. El lunes caí toda la mañana, ayer media mañana y hoy medio día. No entiendo qué pasa. Estando de pie, me desconectan la energía y caigo... dormida, profundamente.

Uso métodos de antaño conocidos para reducir la prolongación de mi sueño. El más simple de todos: si estoy incómoda duermo menos. Así que evito cualquier maniobra acomodaticia, me acuesto a través de mi estrecha cama y, a medida que el sueño ataca, me voy convirtiendo en una bola de 90 centimetros de díametro tapada por una cobija a cuadros rojos y azules. La cabeza en las rodillas, los tobillos en el muslo. Los calambres no se hacen esperar y exigen cambio a tan estirada posición, sigo durmiendo hasta que algún (im)pertinente miembro de mi familia me despierta. Y ha pasado una hora o más.

Intento combatir(me). Me obligo a arrastrarme hasta la ducha, despojarme de ropa y meter la cabeza bajo el agua. En acto anti ecológico me cruzo de brazos y dejo que el agua caiga cuerpo abajo, nada más. Y nada! nada! por el contrario, la pesadez se hace más evidente, el jabón parece ubicado en un lugar imposible y ni soñar con un lavado de pelo, la cabeza está (hoy) muy arriba.

De repente me encuentro analizando qué probabilidades tendría de caer incólume de desmayarme, encuentro que son pocas. Tengo un tamaño reducido, pero la ducha más.

Gasto energía en cerrar la llave, secarme y ponerme la misma ropa de nuevo. Ni pensar en almorzar. Puf! aún siento el desayuno.

Aún resta hora y media antes de salir. Hora y media en la que pretendo manternme de pie, frente a un atril, sosteniendo un violín. Y tocar la sonata, la sonata que tan linda sonaba la semana pasada.

Arriba pato!

(...)

arriba

(...)
(...)

vamos....


que se empiezan a sentir los 24, eh?


ahhh... y se me olvida añadir que última, nueva, no-brillante conclusión: lo que la acetona es para el esmalte, es el ballet para las uñas. -2 para éste momento. Tonteo pensando que, si mi madre fuera usuaria recurrente del facebook, crearía el grupo "Mi hija es masoquista, mi hija es bailarina". Todo sea por la causa, pero, hay momentos -cómo éste- en que lo encuentro absurdo.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es que la vejez no llega sola :P

Luna Roi dijo...

Aquí el cambio de hora, aquí el otoño y las ausencias, aquí el desamor del nuevo no-amor, aquí las hojas en el suelo llamando a la ausencia, aquí sin trabajo y con casa, aquí tan lejos aunque sin soledad, aquí con y sin... la cosa es que de noche ando desvelada y cabeceo entre bastidores cuando estoy visible. ¿La edad? Creo que es el aquí y ahora... Volvería a la cama hasta primavera -como los osos- si no fuera por esa sensación de que me pierdo algo o alguien. Que me pierdo, o sea.

Beso, beso (mientras duermes)