jueves, 3 de abril de 2008

Enloquezco.

Las palabras me enloquecen -ó su ausencia-.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo tambien...donde esta nuestra anonima favorita??? (notese la ausencia de tildes)

Pi dijo...

lo noté...

me asustaste... me- leí... justamente, hoy, la bauticé -mi anónima favorita- .. es fácil usar las mismas palabras?, exactamente, las mismas palabras... perdón, me envideé.. estaba leyendo.. escribir leyendo es peor..

Saludos

Anónimo dijo...

He vuelto. Y quisiera no tener que irme nunca más. A ver si te encargas y no permites que vuelva a estar tan triste que no pueda ni escribir. Que responsabilidades las que has adquirido con alguien que ni siquiera "conoces" (aunque ya conoces un poco más), pero así es la vida mi adorada Pi. Que confianza la que he adquirido con alguien que ni siquiera conozco (aunque ya conozco mucho más).

Empecemos por el principio, si es que lo hay. Me quedé en el Domingo, y en las ganas de ti. Vinieron a visitarme la desesperación, la rabia, la impotencia, la nostalgia, y se me olvidó la pasión. Pero no del todo. Yo nunca olvido del todo algo tan importante. Guardé el escándalo en un bolsillo, sólo lo guardé. Un par de palabras tuyas serán suficientes para que se asome de nuevo, y presiento que lo sabes. ¿Tal vez el próximo Domigo? ¿Esperaremos tanto?

Me gusta mi nuevo nombre, mi nombre de laberinto, mi nombre de partitura, mi nombre de ti. Me gusta porque responde a mis gustos, y a los tuyos. Me gusta porque se ve y suena bonito, y me gusta porque es mío y de nadie más.

Atendiendo a un asunto más práctico, Gmail y yo hemos entrado en guerra. Aunque tengo 2 cuentas, o tal vez 3, quiero una con mi nuevo nombre y hace días intento infructuosamente crearla. No me lo permite. Es un descarado, vil y patán. Yo lo miro feo y él a mí. Nunca me ha gustado, tal vez ahora me lo está cobrando. Yo tiendo a ser metódica y organizada. Me gustan las carpetas en el correo electrónico como me gustan las cajas para guardar cosas en mi closet. Gmail es un monumento a la falta de estructura, por eso no nos llevamos bien y por eso hoy estoy postalmente damnificada. ¡Que tontería!

Me gustan las gomitas, pero las ácidas. Preferiré siempre las naranjas, amarillas y rojas, en ese orden. Si no te gustan las amarillas, me las quedo todas yo entonces, querida (me encanta esta palabra, pero como la usan en las novelas rosa, no coloquialmente). La mala ortografía me produce escalofrío, literalmente, al igual que los forwards, espescialmente (ji ji ji) si vienen con un archivo de PowerPoint adjunto. Va la madre para el que se inventó ese programita de pacotilla. Es posible que originalmente fuera una excelente idea, pero lo han vulgarizado de una forma deplorable y ahora sirve para complicarme la existencia a mí, a ti y a muchos otros tantos. Muchas veces se me olvida echarme protector solar antes de salir, no estoy acostumbrada, antes no tenía que hacerlo. Y sí, ya me ha costado un par de insolaciones. Que vergüenza. Tampoco me gustan los esferos. Amo los creyones, los marcadores y los micropunta de muchos colores. Me gusta escribir de colores, y me gusta tener de dónde escoger. Amo también los cuadernos, las libretas, las agendas, y todo lo que sea de papel y haya sido creado para albergar palabras, garabatos, dibujos o cualquier otra expresión humana plasmada con tinta, carbón, etc. Por lo tanto, sí, también AMO las papelerías. Me puedo perder horas en ellas. Me gusta como huelen, como se ven. Me gusta recorrer sus pasillos y entretenerme con todo lo que venden allí. La mayoría de las veces no llevo nada, pero de vez en cuando, en un ataque de locura momentánea, me llevo una bolsa de “chucherías”.
Yo, al igual que tú, soy una persona de contradicciones, y me encanta. Contradicciones de todo tipo: físicas, emocionales, de personalidad, de estilo de vida. No pertenezco a nada, y pertenezco a todo. No tengo nada, y lo tengo todo. Amo tanto la vida, me duele tanto la vida. Soy tan racional, soy tan emocional. Soy una mujer, soy una niña. Río con tanta emoción, lloro con tanta angustia.

Vine a dejarte un saco lleno de excusas, para que no pares de escribir, para que la frecuencia sea todavía mayor, para que nos sumerjamos (ambas, todas) en tus palabras, en las de ellas, en las mías, en las nuestras.

Mañana empieza Eurocine. Imaginemos que vamos juntas. Luego un café. Luego un beso. Un beso.

Mei